Ahora que se acercan las navidades, que todos rezumamos alegría y tenemos algo más de tiempo libre, me he propuesto hacer una pregunta cada día, una pregunta con la que hablar con uno mismo (por lo que no activaré la opción de comentar), conocerse un poco mejor y penar. Empezaré hoy con la siguiente:
¿Cuál es tu función en la sociedad?
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La vida ideal
Felicidad es, sin duda, la palabra que define la vida ideal, así, todos hacemos lo que podemos por llevar ese tipo de vida, un tipo de vida feliz, en la que no existan las heridas, los muertos, el dolor o la peste. Lavados de cerebro desde el principio, negamos que lo malo o lo doloroso formen parte de la vida, creemos que todo deben ser buenos momentos, lo que nos hace no valorarlos lo suficiente y que las caídas sean más duras.
Pero la vida ideal no existe, ni si quiera como concepto: si lo tuviéramos todo, si no nos faltara de nada, no lo valoraríamos, de ahí, quizá, nace la competencia: ya no vale decir «soy bueno» sino que hay que decir «soy mejor que él», eso nos hace superiores a alguien, nos medimos contra otro, y esa escusa sirve incluso para las peores situaciones: sí, a mi me falta una pierna pero a él le faltan los dos brazos.
En la publicidad, por ejemplo, te presentan a una persona ideal, un estereotipo al que solo te puedes acercar comprando X, así de fácil y de tramposo. Tú eres basura y ahí tienes un dios, ¿quieres ser dios? compra X. Dicho así suena estúpido pero más estúpido me resulta pensar en la cantidad de personas de 40 que aparentan 30 y que buscan cremas para intentar aparentar 20. Otro ejemplo: ¿quieres tener unos abdominales de hormigón? compra X, estúpido, claro, no te dicen que eso no funciona y que el tipo que aparece en el anuncio además de no usar el producto X se tira horas en el gimnasio si no es que se mete esteroides.
Claro, la verdad es que X no tiene nada que ver con parecer más joven o tener abdominales musculados. Para eso necesitas tener menos años y ejercitar durante mucho tiempo los abdominales: ya que no te aceptas como eres te venden una trampa, un atajo que no lleva a ninguna parte para evitar la imposibilidad o el esfuerzo. Porque no has valorado la juventud o no estás dispuesto a someterte a meses de ejercicio constante, comprar algo que sabes que no va a funcionar calma tu conciencia.
Pero quizá, solo quizá, la vida ideal es la que estás viviendo ahora, tú, alguien que tiene casi todo a su alcance, con educación, trabajo, quizá hayas formado ya una familia: ¿de qué te quejas? no hablo de temas políticos o sociales de los que todo el mundo se queja pero nadie hace nada, hablo de qué más necesita alguien que tiene prácticamente todo lo que necesita y quiere. Hablo de que cuando tenemos todo eso buscamos imposibles: ojalá me toque la lotería, ojalá consiga ese puesto que me permita ganar más, etc. Cuando lo tenemos todo no tenemos nada, en vez de querernos a nosotros buscamos un nuevo estándar, un nuevo modo de vida, aumentamos nuestras expectativas lo que nos rebaja de nuevo a la nada, cero estúpido e insulso.
Hay quien pensará que eso es progresar, llegado a cierto punto yo lo llamo masoquismo.
Quizá, solo quizá, nos pasamos la vida intentando llegar a algo que no somos y que nunca seremos.
1984 self service
Volviendo a ver la película y trasladándola al mundo actual he caído en que ya no hacen falta pantallas enormes o altavoces públicos, no necesitamos un gran hermano o una sociedad de pensamiento único. Ahora las pantallas (televisiones, monitores, móviles, etc) las compramos porque nos hacen pensar que las necesitamos o por aceptación social; la radio, el periódico y todos los demás medios de masas no solo se creen con derecho a formar nuestra opinión sino que se lo pedimos comprándolos o leyéndolos cada día: somos los clientes de vaciadores de cerebros (porque si no aparece ahí no debe ser importante), de pegamento para los ojos (porque si no lo veo no existe), candados para los labios (para hablar en ellos, con suerte puedes escribir un SMS a 2€ y esperar a ver si lo eligen) y tan contentos.
Conocimos los entresijos de la guerra de vietnam porque la prensa trabajó duro en llevarlos a nuestras televisiones en horas de máxima audiencia pero en asuntos como lo ocurrido en abu ghraib y otros desmanes la grabación, tanto con cámaras de vídeo como de fotos, por parte de los soldados fue algo necesario para que nos llegara la noticia: las cámaras, videocámaras, móviles, GPSs y otros gadgets pueden ser la mejor forma de vigilarnos, más aún siendo como son un objeto de culto para algunos. Teléfonos que no se apagan, que dicen tu posición aproximada y que pueden actuar de micrófono oculto, impresoras que, sin que lo sepas, escriben casi imperceptiblemente la fecha, hora y el número de serie, fotos que pueden decir de dónde vienen (más allá de la información EXIF), y ya hay quien afirma que el regalo estrella de estas navidades será el GPS.
Una legión de ciudadanos armados con todos estos medios deberían ser un serio desafío a los pilares de información establecidos: si en la televisión no aparece el problema X lo grabo y se lo envío a toda la gente que conozca, multiplícalo por 45 millones solo en españa y verías como pronto se dejarían de televisión basura. ¿Pero qué nos ha pasado? Parece que en una época donde las barbaridades y atropellos están a la orden del día la denuncia de estos está de capa caída,diría incluso que vivimos en un mundo de ciegos en el que si no cierras tus ojos te miran raro: está de moda (si no es que siempre lo ha estado) ser gilipollas, pensar que todo gira en torno a ti, lo mejor es pagar mucho más a cambio de algo cuyo único valor añadido es la marca, unos narcisistas a los que solo les interesa seguir a algo o a alguien.
Quiérete, pregúntate, no te rijas por lo que otros digan (y eso incluye este texto) sin haberlo pasado por tu filtro personal y actúa: tienes los medios, el conocimiento y el mundo no se va a caer porque dejes de ver la televisión 20 minutos al día.
Si hubo un momento idóneo para reivindicar, pensar y crear ese es el presente.
La otra aldea global
Nos creemos libres en nuestros pensamientos pero los periódicos, las televisiones, las radios y cada vez más internet marcan nuestras ideas. Son demasiadas las conversaciones que veo reducidas a lo que sale por televisión o en algún periódico y, pensándolo bien, no conozco a ninguno de los autores cuyos libros poseo ni a ninguno de los presentadores de los programas o actores de las series que veo, y sin embargo estoy seguro de que cualquier persona que conozco tiene ideas e historias más interesantes que contar que la mayoría de las que se emiten. Desde los medios nos ofrecen (pero si no lo escuchas no podrás participar en la conversación cuando en tu entorno hablen de fútbol, carreras, etc) una ingente cantidad de información y por lo tanto imposible de confirmar por completo individualmente, en los medios de masas el tiempo es oro luego nos ofrecen información comprimida lo que conlleva la imposibilidad de tratar temas en profundidad, si casi todo lo que percibimos viene por la televisión solo vemos una realidad, la realidad única, esto es lo que hay y si no lo ves aquí no existe . Se trata de un canal unidireccional, es decir, me da igual lo que pienses mientras me veas, así, fomenta una visión acrítica: vemos, leemos o escuchamos únicamente aquello que está de acuerdo con nuestras ideas o ,mejor aún, aquello que critica banalmente las ideas contrarias. Desarrollamos un sentido increíblemente agudo para ver la miga en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio. También es un medio perfecto para adoctrinar (por ejemplo, para la publicidad): gente diciéndote todos los días y durante todo el día lo mismo, a veces conocidos, con efectos especiales, prometiendo y jurando que lava más limpio, que desinfecta mejor o que consume menos cada 100 km. Hay, por lo tanto, una desconexión con la verdadera Realidad, con los matices, con las pequeñas noticias, con las noticias de tu entorno, con los tuyos.
Ejemplos no me faltan:
- Tertulianos (analistas) respondiendo a la pregunta: ¿españa es racista? (tócate los huevos), manteniendo posturas radicales (sí o no), ni si quiera se preguntaron en qué sentido, no sacaron a la luz datos definitivos, ni los compararon con otros lugares o momentos, era sí o no por un asunto determinado que nadie recordaría una semana después. Más nos valdría desconfiar de los que afirman tener una opinión fundamentada sobre la política (que se dice pronto), el fútbol, el tiempo y la virgen del rocío porque si no es así no estarían en esos programas ensalada que a medio día juntan churros con merinas: ¿qué podemos esperar de los programas que tratan a la vez corazón y política? Basura.
- En lo que va de año y no es un fenómeno nuevo en valencia se han quemado cerca de 250 vehículos, han habido varios detenidos, investigaciones, se asegura que hay coches y policías de paisano para detener a los culpables pero el asunto sigue y suma. Supongo que al menos por un día al resto del país le podría interesar esta noticia pero la gente que no es de esta comunidad desconoce el hecho, eso sí, nunca sobra el tiempo cuando se tratan otro temas y me refiero al fútbol o al rifirrafe pp- psoe.
¿Quieres un héroe, un líder, un amigo o un enemigo? cambia de canal, pasa de página o sintoniza la siguiente emisora. Si todo existe en ellos ¿por qué hacer nada?. Si todas mis necesidades están cubiertas no necesito moverme, si reduzco mis necesidades a lo que tengo en abundancia no necesito moverme, si me muevo esto no me vale, pero eso requiere un esfuerzo. Siendo una sociedad con medios y educación deberíamos ser una legión de creadores en cualquier materia. Pero somos consumidores a más no poder, también de opinión, que si es distinta a la nuestra se nos atraganta y por eso mejor ni mirarla. Y es que ya no es solo que no produzcamos nada y seamos simples consumidores sino que nuestra realidad se limita a lo que vemos por el monitor o por la televisión, desconociendo incluso los sucesos que se producen en nuestro entorno. ¿Qué nos ha pasado?. ¿Cómo hemos llegado a este punto?.
El muerto y el vivo
Iba andando una noche por la calle, el viento en la cara, el paso de cebra que ningún coche respeta y allí a lo lejos una mujer tiraba hacia arriba de lo que parecía un peluche con una cuerda. El muñeco, claro, caía, no se soportaba. La mujer parecía hablarle (una loca, pensé según me acercaba) pero lejos aún. Obviamente el objeto no se iba a poner de pié y empezar a andar, no se qué estaba viendo esa mujer pero desde luego no era lo mismo que yo. Unos pasos más, algo más de luz y obviamente alguien no veía bien: el muñeco resultó ser un perro agonizando, la loca resultó ser la dueña intentando levantarle a base de gritos, pidiéndole que no le hiciera eso y tirando de la correa, pero el cuerpo del animal caía como si fuera plomo al suelo. Estaba muerto, solo faltaba que lo admitiera y que lo enterraran.
Pero nunca sabes lo que te aguarda el camino y de vuelta di con ese borracho de barrio que parece que se perfume con alcohol, el que está en la taberna desde que abren hasta que cierran y «¡pero si todavía es pronto!», el que se siente solo en casa y cree que su lugar es aquel donde haya vino en copa, vaso o tetrabrick, del barato o del caro, el que desayuna un carajillo, se va a la cama con un whisky sin hielo y sueña con riojas. Esta persona había desaparecido del barrio, por la razón que fuera abandonó su silla en la terraza del bar junto a su perro. Supuse que se había muerto (el alcohol, ya se sabe) y allí me lo encuentro: paseando con su perro, limpio y arreglado. Había vuelto a nacer.